En México, la enfermedad renal crónica afecta a cerca del 12 por ciento de la población, es decir, a unos 13 millones de personas, una cifra que alerta sobre la urgencia de fortalecer la prevención, mejorar los hábitos de salud y fomentar la donación de órganos, advirtió Eduardo Enrique López Villalobos, coordinador de la Clínica Médica de Urgencias de la UPAEP.
Con motivo del Día Mundial del Riñón, el especialista de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) explicó que los riñones cumplen funciones vitales para el organismo, principalmente la eliminación de toxinas y el control del equilibrio de líquidos en el cuerpo.
“Los riñones sirven principalmente para desintoxicar el organismo y eliminar el exceso de agua o líquidos. Cuando estos órganos dejan de funcionar adecuadamente, se compromete el equilibrio general del cuerpo”, señaló.
De acuerdo con el especialista, la enfermedad renal crónica no es una patología rara. En México afecta aproximadamente al 12 por ciento de la población, lo que equivale a cerca de 13 millones de personas diagnosticadas o con algún grado de afectación.
Además, la mortalidad asociada a esta enfermedad continúa siendo significativa. Tan solo entre enero y junio de 2024 fallecieron alrededor de 12 mil personas por complicaciones relacionadas con insuficiencia renal.
En términos de tasa de mortalidad, se registran 51 fallecimientos por cada 100 mil habitantes, lo que evidencia la magnitud de este problema de salud pública.

López Villalobos precisó que Puebla, Jalisco, Ciudad de México, Nuevo León y Guerrero se encuentran entre las entidades con mayor incidencia de enfermedad renal crónica en el país.
En este contexto, Puebla se ubica entre el primero y segundo lugar nacional, lo que refleja la necesidad de reforzar las estrategias de prevención en la región.
Uno de los principales problemas de la enfermedad renal crónica es que en sus etapas iniciales casi no presenta síntomas, por lo que muchas personas reciben el diagnóstico cuando el daño ya es considerable.
Entre los signos que pueden alertar sobre el deterioro de la función renal destacan náuseas y vómito, pérdida de apetito, fatiga o debilidad constante, insomnio, disminución en la cantidad de orina, calambres musculares, hinchazón en tobillos o extremidades, palidez por anemia e hipertensión arterial.
“Desafortunadamente, cuando los pacientes llegan al médico, muchas veces ya están en fases avanzadas de la enfermedad, lo que complica el tratamiento”, explicó el especialista.
En México, las enfermedades que con mayor frecuencia derivan en daño renal son diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca, obesidad y tabaquismo.
López Villalobos indicó que también existen otras causas, como enfermedades autoinmunes, tumores o infecciones, pero los factores metabólicos siguen siendo los más frecuentes.
Además, destacó que los hombres presentan mayor incidencia de enfermedad renal crónica, principalmente por malos hábitos de salud y menor atención preventiva.
Cuando la enfermedad avanza y los riñones dejan de funcionar adecuadamente, los pacientes requieren tratamientos sustitutivos, como diálisis peritoneal o hemodiálisis. Ambos procedimientos ayudan a sustituir parcialmente la función del riñón, aunque implican un fuerte impacto en la calidad de vida.

El tratamiento definitivo es el trasplante renal, pero en México enfrenta importantes limitaciones. En 2025 se registraron 16 mil 443 personas en lista de espera para recibir un riñón. Tan solo en Puebla, alrededor de 2 mil 100 pacientes esperan un trasplante.
Durante ese mismo periodo se realizaron 250 trasplantes de córnea y riñón en el estado, aunque fue menor el número de procedimientos renales. Actualmente, Puebla ocupa el séptimo lugar nacional en trasplantes de riñón.
“El problema es doble: por un lado, la falta de infraestructura hospitalaria y, por otro, la escasa cultura de donación de órganos”, señaló el especialista.
Ante este panorama, el especialista de la UPAEP compartió una serie de recomendaciones para prevenir la enfermedad renal crónica:
- Mantener actividad física regular. El ejercicio ayuda a prevenir diabetes, obesidad e hipertensión.
- Reducir el consumo de azúcar y sal. El exceso de estos ingredientes está relacionado con enfermedades metabólicas.
- Consumir suficiente agua. Se recomienda ingerir entre 2.2 y 2.5 litros de agua al día, dependiendo de la complexión física.
- Evitar el tabaco y el alcohol.
- No automedicarse. Algunos medicamentos, como antiinflamatorios, por ejemplo diclofenaco, pueden dañar los riñones si se usan sin control médico.
- Llevar una dieta equilibrada. El especialista señaló que modelos alimenticios como la dieta mediterránea, rica en verduras, frutas y alimentos naturales, han demostrado beneficios para la salud.
- Controlar enfermedades crónicas, particularmente diabetes e hipertensión.
Finalmente, López Villalobos subrayó que mejorar la cultura de la prevención y de la donación de órganos es clave para enfrentar este problema de salud.
“Si las personas hacen ejercicio, comen de manera equilibrada y controlan enfermedades como la diabetes o la hipertensión, pueden evitar llegar a una enfermedad renal crónica. La calidad de vida depende en gran parte de nuestros hábitos”, concluyó.



































