El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, aterrizó en Australia, después de salir libre de un tribunal estadounidense.
Assange abrazó a su esposa y a su padre en el aeropuerto, mientras un pequeño grupo de seguidores aplaudía su llegada.
Su liberación, así como el regreso a su país natal, se produce tras 12 años de estar en prisión y una extensa batalla judicial que se prolongó durante más de una década.

Lo anterior se logró tras un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, en donde Assange se declaró culpable frente a una corte federal de Saipán, capital de las Islas Marianas del Norte, un territorio estadounidense en el Pacífico Sur, de un delito de espionaje.
Los fiscales estadounidenses originalmente querían juzgar a Assange por 18 cargos, en su mayoría bajo la Ley de Espionaje, por la publicación en 2010 y 2011 por parte de WikiLeaks de documentos militares confidenciales de Estados Unidos relacionados con las guerras en Irak y Afganistán.
Pero tras el acuerdo con las autoridades de Washington, sólo aceptó el delito de conspiración para obtener y revelar información de defensa nacional.
El fundador de WikiLeaks le dijo al tribunal que cuando publicó los archivos clasificados en 2010, era periodista y creía que estaría protegido por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que cubre la libertad de prensa.

Assange nació en 1971 en Townsville, un pueblo de la costa noreste de Australia, pero creció en una docena de ciudades siguiendo la compañía itinerante de teatro de su madre mientras se convertía en un hacker adolescente que ya ponía contra las cuerdas a las autoridades locales.
Desde 2010 puso al mundo a hablar sobre libertad de información tras la revelación de millones de documentos clasificados que revelaban crímenes de guerra que lo pusieron en la mira de Estados Unidos, un historial que hace que no vaya a ser recibido como un hijo pródigo.
“Independientemente de las opiniones que la gente tenga sobre las actividades del señor Assange, el caso se ha prolongado demasiado”, había dicho el martes el primer ministro Anthony Albanese en una comparecencia ante el Parlamento: “No hay nada por ganar con su encarcelamiento prolongado y queremos traerlo a casa”.
Con información de Agencias
Foto de X




































