Concluyeron los preparativos para el Cónclave 2025 y los 133 cardenales electores se encerrarán en la Capilla Sixtina para iniciar la elección del nuevo papa, bajo la imponente mirada del Juicio Final de Miguel Ángel.
La Santa Sede ha dispuesto cada detalle con meticulosa precisión para iniciar uno de los ritos más solemnes de la Iglesia católica.
La Capilla Sixtina fue cerrada al público desde el 28 de abril para ser transformada en sede del cónclave, por lo anterior, se instalaron asientos, una urna de votación y el sistema de salida de humo que anunciará al mundo la esperada decisión.
Todos los purpurados podrán contemplar los frescos renacentistas durante el proceso, en una atmósfera cargada de historia, arte y espiritualidad.
Barbara Jatta, directora de los Museos Vaticanos, recordó que el primer cónclave en este recinto se celebró en 1492 y que, desde 1996, es su sede permanente por decisión de Juan Pablo II.
Subrayó que los días de preparación fueron emocionalmente intensos por la reciente muerte del papa Francisco, y añadió que el recinto sigue siendo un símbolo vivo de fe. Solo en 2024, la capilla recibió casi siete millones de visitantes.
Como parte de este proceso, el lunes 5 de mayo, todas las personas involucradas en el cónclave —más allá de los cardenales— prestaron juramento de confidencialidad absoluta en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico. En voz alta y ante los Evangelios, pronunciaron:
“Yo N. N. prometo y juro observar el secreto absoluto con quien no forme parte del Colegio de los Cardenales electores, y esto perpetuamente, a menos que reciba especiales facultades dadas expresamente por el nuevo Pontífice elegido o por sus Sucesores, acerca de todo lo que atañe directa o indirectamente a las votaciones y a los escrutinios para la elección del Sumo Pontífice.
Prometo igualmente y juro que me abstendré de hacer uso de cualquier instrumento de grabación, audición o visión de cuanto, durante el período de la elección, se desarrolla dentro del ámbito de la Ciudad del Vaticano, y particularmente de lo que directa o indirectamente de algún modo tiene que ver con las operaciones relacionadas con la elección misma.
Declaro emitir este juramento consciente de que una infracción del mismo comportaría para mí la pena de excomunión latae sententiae, reservada a la Sede Apostólica.
Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios que toco con mi mano.”
Eclesiásticos, laicos, médicos, ceremonieros, conductores, técnicos y hasta personal de limpieza forman parte de esta cadena humana que garantiza el funcionamiento del cónclave en completo secreto. Cualquier incumplimiento será sancionado con la excomunión automática, tal como establece la constitución apostólica Universi Dominici Gregis. El silencio, en este caso, es tan sagrado como el lugar en que ocurre.
Con información de agencias
Foto de: Vatican Media




































