La prórroga del alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán abre una oportunidad para la diplomacia; sin embargo, las tensiones en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más críticos del mundo, mantienen en riesgo el comercio global.
Los reportes sobre buques atacados o incautados por ambas partes reflejan la fragilidad de una vía por la que transita cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo, además de insumos clave para fertilizantes y componentes electrónicos.
Minerales estratégicos en riesgo
La crisis no solo amenaza el suministro de petróleo y gas, sino también el de minerales estratégicos y subproductos del refinado. De acuerdo con Dario Liguti, director de la División de Energía Sostenible de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE), antes del conflicto transitaban diariamente por el estrecho alrededor de 140 buques.
Entre los productos afectados se encuentran el azufre, del cual 30 por ciento de la producción mundial pasaba por esta ruta, así como el helio y la nafta, utilizados en industrias como fertilizantes, semiconductores, plásticos, enfriamiento industrial y tecnologías limpias.
“Si la situación continúa, la escasez se hará evidente y obligará a las industrias a reducir su producción de tecnologías como paneles solares, imanes o baterías”, advirtió Dario Liguti, al señalar que estos insumos también son esenciales para teléfonos móviles, tabletas y automóviles eléctricos.
El especialista explicó que varios Estados miembros han comenzado a fortalecer sus reservas estratégicas para evitar futuras interrupciones. El impacto ya se observa en mercados del sur y sureste de Asia, donde se concentra parte importante del refinado y procesamiento de estos productos.
Avanza el hambre en Asia
De forma paralela, la interrupción del tráfico marítimo está detonando una crisis humanitaria y económica de gran escala. El aumento en los precios del petróleo y la reducción del transporte marítimo encarecen la electricidad, los combustibles, los alimentos y los insumos agrícolas en economías asiáticas dependientes de las importaciones.
En Bangladés, el cierre de varias fábricas estatales de fertilizantes interrumpió la producción nacional durante la temporada de cultivo de arroz de invierno. En Nepal, el encarecimiento del diésel elevó los costos de transporte y maquinaria, con efectos directos sobre la economía.
Si la crisis persiste, estimaciones de la ONU advierten que 9.1 millones de personas adicionales en Asia podrían enfrentar inseguridad alimentaria aguda. En la región, millones de personas ya requieren asistencia humanitaria, mientras los costos logísticos limitan la capacidad de respuesta.
Para las agencias humanitarias, la crisis también representa restricciones operativas. En Afganistán, los costos logísticos aumentaron 20 por ciento y parte de los productos básicos de ayuda corre riesgo de desabasto. En Myanmar, donde la mayor parte del combustible es importado, las interrupciones han provocado racionamiento y complican la entrega de asistencia en zonas de conflicto.
La extensión del alto el fuego ofrece una oportunidad para aliviar las tensiones, pero la incertidumbre persiste. El riesgo de que un choque temporal se convierta en una crisis humanitaria más profunda y prolongada sigue siendo real.
Con información de ONU Noticias
Foto: Freepik




































