El Día Internacional del Beso pone en primer plano un acto cotidiano que, además de expresar amor, afecto o deseo, activa procesos neurológicos, hormonales e inmunológicos capaces de favorecer el bienestar físico y emocional de las personas.
De acuerdo con agencias de información, la conmemoración del 13 de abril se relaciona con el récord impuesto en 2013 por una pareja tailandesa que mantuvo un beso durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos, hecho que convirtió esta práctica en un símbolo cultural de alcance global.
La investigadora Nora Alma Fierro González, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, explica que al besar se liberan dopamina, oxitocina, serotonina y endorfinas, mientras la psicóloga Andrea Febrero González destaca que estas respuestas químicas favorecen el apego, el placer y la disminución del estrés en contextos afectivos.

Fierro González añade que “besar favorece la liberación de citocinas que regulan la inflamación y reducen el riesgo de alergias”, mientras Jorge Huerta Preciado, especialista en Medicina Familiar, señala que un beso apasionado puede activar 34 músculos faciales y 112 posturales, además de propiciar el intercambio de hasta 80 millones de bacterias en 10 segundos.
En el plano emocional, Gabriel Gutiérrez Ospina, también especialista del Instituto de Investigaciones Biomédicas, afirma quebesar activa circuitos cerebrales vinculados con la calma y la regulación afectiva, por lo que en relaciones seguras y cuidadosas puede ayudar a disminuir la tensión, recuperar la sensación de bienestar y reconciliar vínculos en momentos de conflicto.
No obstante, los especialistas advierten que no todo beso es positivo ni está exento de riesgos, pues puede transmitir padecimientos como resfriados, paperas, COVID-19 o mononucleosis, de ahí que su valor más profundo resida en el consentimiento, el cuidado mutuo y la autenticidad, porque “más que un gesto, puede ser una medicina emocional”, concluye Gabriel Gutiérrez Ospina.
Foto: Global UNAM




































