Estados Unidos impuso este jueves sanciones a Rusia por su presunta interferencia en las elecciones presidenciales de 2020 y su supuesto papel en el ciberataque masivo de SolarWinds, además de imponer castigos relacionados con las acciones rusas en Ucrania y Afganistán.
El presidente Joe Biden ordenó una ampliación de las restricciones a los bancos estadounidenses que negocian con la deuda del gobierno ruso, expulsó a 10 diplomáticos que incluyen presuntos espías y sancionó a 32 personas que presuntamente intentaron inmiscuirse en las elecciones presidenciales de 2020, dijo la Casa Blanca.

Al respecto Tesoro estadounidense detalló que las sanciones dirigidas a la línea de flotación de la economía rusa, afectan a 16 entidades y 16 individuos e incluyen la expulsión de una decena de empleados de la Embajada rusa en Washington, funcionarios de inteligencia incluidos, por ‘intentos dirigidos por el Gobierno ruso para influir en las elecciones presidenciales de EE UU de 2020 y otros actos de desinformación e interferencia’.
En concreto, la Casa Blanca acusa formalmente al Servicio de Espionaje Exterior de Rusia (SVR) de haber perpetrado el ciberataque masivo que comenzó en 2019 y penetró en los sistemas informáticos de la Administración estadounidense y de grandes compañías mediante un programa de SolarWinds.
Hasta ahora, las especulaciones sobre la autoría del jaqueo se mantenían en el terreno de las sospechas, pero ahora, por vez primera, Washington dice estar ‘totalmente seguro’ de la acción del SVR.

Entre los individuos implicados figura un peso pesado del Kremlin, Alexéi Gromov, miembro de la Administración Presidencial.
‘Putin ha alimentado una red de fieles que mediante sus negocios ilícitos han contribuido a las acciones para socavar las elecciones de 2020 y para darle a Rusia una cobertura plausible en su campaña de desinformación. Esta red incluye al primer subjefe de personal de la Administración Presidencial, Alexéi Gromov’, explica el comunicado del Tesoro.
Las duras medidas llegan después de una conversación telefónica entre Biden y su homólogo ruso, Vladímir Putin, el pasado martes. El demócrata advirtió a Putin que ‘actuará con firmeza’ en defensa de sus intereses nacionales y propuso un encuentro en un país tercero que, a la vista de la batería de sanciones, pende de un hilo.

La llamada fue la segunda que se ha hecho pública desde que Biden llegó al poder el pasado 20 de enero. El presidente de EE UU también reclamó al mandatario ruso que ‘rebaje las tensiones’ con Ucrania y le expresó su ‘preocupación’ por la movilización militar rusa en la frontera con ese país.
Relaciones deterioradas

Las sanciones, destinadas a enviar un claro mensaje retributivo a Rusia y disuadir actos similares en el futuro, seguramente exacerbarán una relación ya tensa entre Estados Unidos y Rusia.
Desde enero, y con la llegada a la Casa Blanca del nuevo presidente, las relaciones entre Moscú y Washington se han deteriorado aún más y muy rápido. El embajador ruso en Estados Unidos fue llamado a consulta después de que Joe Biden dijera que su homólogo ruso era un “asesino”.
Rusia, a la que ya se le aplicaron nuevas sanciones durante este año, ha sido reprobada por encarcelar al principal opositor del país, Alexey Navalny y, de acuerdo a Washington, ha sido sorprendida ‘in fraganti’ en múltiples casos de piratería informática.
Además, Moscú ha desplegado tropas con decenas de miles de efectivos en la frontera con Ucrania, acusando a Kiev de planificar una ofensiva contra los separatistas prorrusos del este ucraniano.

Rusia hasta ahora ha ignorado todos los llamados occidentales para reducir sus tropas en la región.
Biden ordenó en su primer día en el cargo una revisión de las relaciones con Rusia, inicialmente contra funcionarios rusos por el envenenamiento del líder opositor Alexéi Navalni.
La tensión se elevó cuando en una entrevista en televisión el mandatario estadounidense respondió afirmativamente a una pregunta que le planteaba si Putin es un asesino, en referencia al intento de acabar con el disidente. En el pliego de acusaciones que respaldan las sanciones anunciadas este jueves, la Casa Blanca incluye ‘llevar a cabo actividades extraterritoriales dirigidas a disidentes o periodistas’.

Secuelas de la intrusión de SolarWinds
No quedó claro si las acciones de Estados Unidos realmente darían lugar a un cambio de comportamiento ruso, especialmente porque las medidas anteriores de EEUU no han logrado poner fin a los ciberataques rusos.
La administración Obama expulsó a diplomáticos de Estados Unidos en 2016 en respuesta a la interferencia en las elecciones presidenciales de ese año. Y aunque Trump a menudo se mostró reacio a criticar a Putin, su administración también expulsó a diplomáticos en 2018 por el presunto envenenamiento por parte de Rusia de un ex oficial de inteligencia en Gran Bretaña.
Los funcionarios estadounidenses todavía están lidiando con las secuelas de la intrusión de SolarWinds, que afectó a agencias como los departamentos del Tesoro, Justicia, Energía y Seguridad Nacional, y aún están evaluando qué información pudo haber sido robada.
La infracción expuso vulnerabilidades en la cadena de suministro, así como debilidades en las propias ciberdefensas del gobierno federal.

Las acciones representarían la segunda gran ronda de sanciones impuestas por la administración Biden contra Rusia.
El mes pasado, Estados Unidos sancionó a siete funcionarios rusos de nivel medio y superior, junto con más de una docena de entidades gubernamentales, por un ataque de un agente nervioso casi fatal contra el líder de la oposición Alexei Navalny y su posterior encarcelamiento.
Con información de Infobae / El País
Fotos: @WhiteHouse / Pixabay




































