Cerca de 200 estudiantes de Buenos Aires, Argentina, participaron en dos jornadas de reflexión sobre los riesgos de las redes sociales, la desinformación y la inteligencia artificial para el bienestar juvenil, mediante los denominados Círculos de la Paz, organizados por Naciones Unidas y desarrollados con el apoyo del Ministerio de Educación de la ciudad, encabezado por Mercedes Miguel, con el propósito de promover el pensamiento crítico y el uso responsable de las tecnologías digitales.
Los encuentros formaron parte de la campaña Actúa por un mundo pacífico, lanzada en 2025 por el Departamento de Comunicación Global de las Naciones Unidas, en colaboración con su Secretaría de Juventud, para impulsar el diálogo entre adolescentes y construir propuestas frente a los desafíos tecnológicos que influyen en su desarrollo personal, sus relaciones sociales y su aprendizaje.
La primera jornada reunió a más de cien alumnos de entre 15 y 17 años, pertenecientes a siete escuelas de la capital argentina, durante un festival juvenil organizado por el colegio Lange Ley, mientras que el segundo encuentro se desarrolló en la Legislatura de Buenos Aires como parte del programa Jóvenes que Lideran, cuya dinámica permitió extender las reflexiones a aproximadamente dos mil adolescentes mediante actividades realizadas en sus instituciones educativas.
Uno de los principales temas fue la desinformación, ante la cual los participantes plantearon fortalecer la alfabetización digital y mediática para que los jóvenes aprendan a verificar fuentes, contrastar versiones y evaluar la confiabilidad de los contenidos antes de compartirlos, además de comprender las consecuencias que puede generar la difusión de información falsa en sus comunidades y espacios de convivencia.

Al presentar sus conclusiones, el grupo que analizó esta problemática explicó que la formación digital debe ir más allá del manejo de dispositivos, pues resulta necesario preparar ciudadanos capaces de comunicarse responsablemente y desarrollar habilidades para identificar contenidos engañosos, por lo que propuso convertir la verificación de información en una práctica cotidiana antes de publicar o compartir mensajes en plataformas digitales.
Respecto al impacto de las redes sociales en la salud mental, otro grupo de estudiantes identificó una dependencia considerable del teléfono celular y una búsqueda constante de aprobación mediante reacciones, comentarios y reproducciones, situaciones que, de acuerdo con sus experiencias, pueden favorecer el aislamiento emocional, las comparaciones personales y el temor a quedar excluidos de las conversaciones y tendencias digitales.
Ante este panorama, los adolescentes propusieron desarrollar un proyecto educativo denominado Desconectar para Conectar, mediante el cual se habiliten espacios de diálogo entre compañeros para expresar cómo afectan los contenidos digitales a sus emociones y relaciones personales, sin recurrir a la prohibición de la tecnología, sino mediante estrategias que permitan administrar el tiempo de conexión y construir hábitos más saludables.
En materia de inteligencia artificial, los participantes advirtieron que estas herramientas pueden representar un riesgo educativo cuando sustituyen el razonamiento y el aprendizaje, particularmente si se utilizan para resolver actividades sin comprenderlas o reemplazar procesos que deberían fortalecer las capacidades individuales, por lo que plantearon actualizar los métodos de enseñanza y evaluación para incorporar una formación específica sobre su utilización responsable.
Los estudiantes también manifestaron preocupación por el impacto ambiental de la inteligencia artificial y sus posibles consecuencias en el mercado laboral, ante la transformación o desaparición de determinadas ocupaciones, aunque reconocieron que el desarrollo tecnológico podría generar nuevas oportunidades de empleo y actividades profesionales que actualmente no existen.
Durante las conclusiones, uno de los grupos enfatizó que la inteligencia artificial debe funcionar como una herramienta de apoyo y no como sustituto del pensamiento crítico, la creatividad y el aprendizaje autónomo, al considerar fundamental que los jóvenes tengan la capacidad de comprender sus alcances, cuestionar sus resultados y decidir cuándo y para qué utilizarla.
Los Círculos de la Paz fueron diseñados y coordinados por el Centro de Información de las Naciones Unidas para Argentina y Uruguay, cuyos representantes recopilaron las propuestas de los participantes sobre alfabetización digital, bienestar emocional y uso responsable de nuevas tecnologías, con la finalidad de enviarlas a la Oficina de las Naciones Unidas para la Juventud e incorporar sus perspectivas en futuras iniciativas.
Con información de ONU Noticias
Foto: @ONUArgentina




































