El análisis de las palabras.

Esta semana ha sido muy interesante en nuestro país. Muchas personas han sonado la alarma por la declaración, algo incendiaria, de AMLO en el sentido de que nuestro país se encuentra quebrado. De dichas palabras expresadas, se han desprendido una miríada de especulaciones, interpretaciones y dichos, pero lo importante y medular está en las palabras pronunciadas específicamente por el ahora presidente electo. Quienes han señalado el hecho, han tergiversado las mismas, y los eternos agoreros del desastre, aquellos que existen sin importar del color del partido gobernante y cuyo único propósito y razón de vida es ver el mundo arder, han declarado con sorna que ello significa que el presidente electo se ha retractado ya de sus promesas de campaña. Sin embargo, ello es solo una interpretación que encuentro desafortunada como mínimo, y maliciosa si quiero ver más allá, puesto que dichas señalaciones hechas en contra de lo expresado y en estudio, son riesgosas para la confianza que la IP puede tener a efectos de continuar invirtiendo en nuestro país y con ello generar crecimiento, más inversión, reducción a la inflación, y desde luego, con ello mayor bienestar para todos. Este es un punto medular: Los que reclaman y tergiversan las palabras de AMLO generan la incertidumbre financiera que dicen querer evitar al levantar la voz sobre lo que significaron aquellas palabras pronunciadas, y con ello, perjudican a la IP, perjudican al trabajador, perjudican al país, y se perjudican ellos mismos. Pero, ¿por qué indico que sus señalaciones son indebidas, faltas de sustento, y además de todo, desafortunadas?

Porque las palabras que pronunció López Obrador fueron, más o menos, las siguientes:

“Posiblemente por la situación de bancarrota en que se encuentra el país, no podamos cumplir con todo lo que se está demandando. Pero sí vamos a cumplir, que quede claro, vamos a cumplir todo lo que ofrecimos en campaña.”

Ahora bien, vamos a ver qué dijo el presidente electo. Bancarrota significa que alguien, en este caso el estado mexicano, está imposibilitado a continuar los pagos que adeuda. Ello es inexacto, porque la deuda de nuestro país se encuentra apenas un poco arriba de 50% del PIB. Ello no es en sí mismo un factor negativo. Existen varias naciones con un coeficiente de deuda mucho mayor al que presente nuestro país, y ello no reduce su crecimiento. Por poner un ejemplo, Japón tiene una mayor relación deuda/PIB que nuestro país, y cuenta con un crecimiento sostenido mejor aritméticamente que el nuestro. Es decir, es inexacto decir que estamos en quiebra porque desde el punto de vista macroeconómico, y en un cuadro comparativo, México tiene un coeficiente manejable. Pero ello es solo la punta de la montaña, y olvida convenientemente la realidad económica de nuestro país. Ello lo afirmo porque nuestra deuda creció en los últimos tres sexenios (Hay que recordar que han sido “gobiernos de empresarios para empresarios.”), desde 1.5 billones de pesos a 10.9 billones de pesos. Es decir, nuestro país ha contraído en los últimos veinte años un total de casi 800% más de deuda de la que tenía ANTES de comenzar con la implementación de los últimos factores neoliberales en la vida socio-económica de nuestro país que se llevó a cabo en los últimos tres sexenios. Esto es grave, y mucho, porque la lectura simplista de la IP al contestar a Obrador diciendo que no estamos en bancarrota y que 50% del PIB en deuda es manejable, no toma en cuenta los evidentes factores con los que cuentan otros países con mayor deuda: México no cuenta con maniobrabilidad alguna en caso de que nuestro mayor socio comercial en el norte, ahora en manos de un personaje sin mayor equilibrio emocional, no se diga mental, dedica como ya parecía querer hacerlo, destruir nuestra economía con tal de satisfacer las demandas de su base de votantes, ante la próxima campaña de reelección que deberá comenzar si quiere continuar en la presidencia de los Estados Unidos Americanos. Ello es importante señalarlo porque si dicha situación se diese, México no tiene para dónde moverse con una renta petrolera privatizada y a la baja. Ello significa, pues, que México no tiene la capacidad de pago que otras economías tienen, y esa falta de maniobrabilidad se refleja en un riesgo mayor a inversiones y al capital, que en sí mismo es un disuasor de la inversión privada internacional. Otro punto que no toma en cuenta esa visión simplista de la IP de decir “Sí se ha endeudado mucho el país, pero ¡Sí podemos!”, es el hecho de que la deuda se debe contratar con el lógico fin de detonar la infraestructura del país y mejorar su capacidad de producción, desarrollo y sustentabilidad. Sin embargo, México a contratado deuda para propósitos de pagar intereses de otras deudas. Y peor aún, como hizo Calderón, señalado por sus gustos por el exceso en fiestas, convivios y agasajos presidenciales, metió el gasto corriente del gobierno a la deuda externa. Es decir, vivió sus excesos gubernamentales de prestado a costa del erario y pagadero por los gobernados durante las siguientes décadas de nuestras vidas.

Por último, hay que sumar el crecimiento bajo que ha tenido nuestro país, y que hay que recordar algo: El crecimiento de nuestro país, de un promedio de 2.3% anual, es aún menor cuando sustraes de dicho “crecimiento” la inflación de nuestro país, que deja ese crecimiento en un ridículo porcentaje que no refleja una mejora en la calidad de vida de los gobernados.

Ahora que ya hemos visto por qué si bien era inexacto decir que nuestro país está en bancarrota, sí existen factores suficientes para sonar la alarma y señalar que se encuentra nuestro país en un franco estado de peligro, donde cualquier fluctuación internacional que no podamos manejar o controlar detonaría una crisis con efectos devastadores sobre nuestra economía. Es decir, AMLO señaló la situación de peligro en que se encuentra el país en un caro reflejo de los planes que tiene a futuro en relación a nuestra economía. Primero, deberá comenzar a aumentar el margen de maniobra con que cuenta nuestro país, que debe darse por medio de la reactivación del motor económico interno basado en la micro y pequeñas empresas. Es decir, sus palabras entrañan, en una sana y moderada interpretación, la idea de cómo se enfrentarán dichos problemas en la nueva administración que aún no entra. En segundo punto, la deuda para pago de gasto corriente e intereses de otras deudas se deberá sustituir por deuda adquirida para mejora y desarrollo de infraestructura de la industria nacional, que adicionará fortalecimiento a nuestro naciente motor económico interno, y por último, es evidente que los recortes en la burocracia y la casta política planteados por la nueva administración adquieren importancia, porque ante el escenario real que se plantea a nuestro país en riesgo, lo verdaderamente necesario no es reclamar el uso del lenguaje que quizá fue inexacto pero como ha quedado claro, no fue alarmista, sino una sana advertencia basada en los hechos y la realidad, sino aportar lo más posible al saneamiento de las finanzas públicas del país, compromiso que se ha tomado durante 5 sexenios, y que nunca se ha cumplido verdaderamente.

Y por último, el propio lenguaje de la frase del presidente electo que tanto han criticado dejó claro que bajo ninguna circunstancia es una evasiva de los compromisos adquiridos, sino una señalación de  que esta nueva administración intentará cumplir con todo lo prometido, para lo que afirma está preparada, pero que no podrá cumplir TODO lo que nuestro país requiere en su totalidad durante sus seis años venideros. Lo cual, en un análisis mesurado, es congruente y sensato, puesto que un país no se reinventa cada seis años, y lo mejor que podemos aspirar con el cambio entrante, es aquello que más falta ha hecho a nuestro país: El destierro y terminación de la corrupción dentro del gobierno en todos sus niveles, el desarrollo de nuevos motores económicos que detonen crecimiento, inversión y bienestar, y por último, una reducción marcada en la percepción de la delincuencia. Si cumple con estos tres puntos, da igual cuanto se alarmen los agoreros del desastre. Nuestro país, si estos tres compromisos que señalo verdaderamente se cumplen, por fin tendrá una economía no basada en número teóricos macroeconómicos según dicta la teoría económica que ve a la sociedad civil únicamente como número lejanos y fríos, sino una economía basada en trabajo, inversión, infraestructura y desarrollo de la sociedad y del tejido civil, que genera en los países más desarrollados, mayor cultura política, mayor acceso a la educación y servicios básicos y de salud,  y con ello, genera mayor beneficio a los gobernados, quienes al recibir un mejor beneficio por lo contribuido, aumenta la confianza de la gente y de la IP, y con ello genera mayor percepción por parte del estado de las contribuciones (La gente que recibe un buen servicio público, a cambio está dispuesta a contribuir por ello.), y el comienzo de un círculo virtuosos cuya finalidad es que todos podamos trabajar, ganar y vivir dignamente, y al mismo tiempo, genere con ello mayor inversión, trabajo, y contribuciones al aumentar el padrón de contribuyente con estas medidas. Quiero recalcar mi análisis: Todo lo que afirmo que puede suceder solo podría suceder si los tres punto que he tocado como obligatorios en este sexenio que entra son abordados y resueltos satisfactoriamente. Si no se logra dicho objetivo, es evidente que nuestro país continuará ejecutando el círculo vicioso de endeudarse, entrar en crisis, cargarle dicha crisis a pueblo, para finalmente regresar a pedir prestado y volver a comenzar el ciclo en una situación cada ve más precaria para nuestro estado, y claro, para todos nosotros.

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