El pasado sábado 19 de septiembre se recordó a las víctimas de los terremotos de 1985 y 2017.
Se conmemoró ambos temblores que dejaron tragedia, pérdidas de vidas humanas y sobre todo mostró la vulnerabilidad de México ante los movimientos telúricos.
La presidenta claudia Sheinbaum recordó a las víctimas y se realizó un macro simulacro en el país.
Aunque ha habido avances para regular las construcciones, urge actualizar el reglamento en Puebla, como se ha hecho en la Ciudad de México.
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 cambió la forma de construir en Ciudad de México y aceleró el desarrollo de normas adaptadas a las peculiaridades de su subsuelo, pero 41 años después persiste el desafío de evaluar las edificaciones levantadas antes de esas reformas.
En entrevista con EFE, publicada en El Heraldo de Puebla, Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que la composición del suelo de la CDMX genera un fenómeno de amplificación conocido popularmente como «efecto gelatina».
«En el terreno central o blando el movimiento va a ser amplificado por estas arcillas suaves que se comportan como una gelatina; mientras que en el terreno duro un sismo se siente literalmente como un solo golpe seco de muy corta duración», detalló.
El comportamiento de los edificios también varía dependiendo del origen y las características del terremoto, explicó el especialista, quien distinguió entre los sismos de subducción originados en las costas mexicanas del Pacífico y movimientos intraplaca más cercanos a la capital.
El terremoto de magnitud 8,1 de 1985, que provocó el derrumbe de cientos de edificios y dejó miles de muertos, marcó un punto de inflexión en las normas de construcción de la entonces capital mexicana.
Tras la catástrofe se emitieron normas de emergencia y, en 1987, entró en vigor un nuevo Reglamento de Construcciones para el entonces Distrito Federal que incorporó las lecciones obtenidas de los daños causados por los terremotos de septiembre de 1985.
Las modificaciones reforzaron los criterios de diseño sísmico y profundizaron la consideración de las distintas características del subsuelo en el cálculo de las estructuras.
Para Valdés, sin embargo, uno de los principales retos cuatro décadas después está en las construcciones anteriores a esos cambios normativos y en la necesidad de revisar su estado.

«La regulación actual no es retroactiva, por lo que es responsabilidad directa de la ciudadanía verificar el estado de salud de sus viviendas», puntualizó el investigador, quien recomendó dar seguimiento a fisuras y grietas y recurrir a especialistas cuando sea necesario.
Así que entonces no sólo urge actualizar la ley de construcción se el estado de Puebla sino revisar las construcciones edificadas antes de la más reciente actualización basada en el sismo de 1999.
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